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Sexting

La sexualidad a diferencia de los demás seres vivos que solo resuelven la reproducción sexual como tal, la sexualidad en el hombre es un conjunto de manifestaciones biológicas, psicológicas y sociales relacionadas con el sexo de cada persona. Considerando lo anterior, podemos decir que se compone de sexo, como la identidad biológica; género, que es lo marcado de acuerdo al contexto sociocultural; y psicológico, que es la identidad de género y la orientación sexual.

Sin embargo, la sexualidad, al ser una dimensión propia del hombre, ha presentado problemas sociales, como el que se aborda a continuación.

La tecnología ha tenido un desarrollo impresionante en las últimas décadas; 50 años atrás hubiera parecido imposible pensar que el hombre común se pudiera comunicar desde cualquier lugar sin utilizar cables; esto apenas estaba pensado para las antenas de comunicación de vía de la radio, telégrafos, televisión y frecuencias de onda corta. Apenas en el 2007 fue lanzado el primer iPhone, que ahora es un dispositivo obsoleto.
Lo que quizás nunca se pensó es que los dispositivos móviles serían un elemento que traería serios problemas al ser humano, sobre todo en el sentido de su sexualidad. Aunque se ha querido justificar que el sexting comenzó con los desnudos en obras de arte, no tiene sentido en realidad, pues los propósitos en realidad fueron diferentes.

Quizás fue a partir de que se pudo almacenar, ya sea de manera en audio, imagen o video, que el sexting comenzó a existir, pues el intercambio de mensajes sexuales siempre ha existido, pero el problema es lo que ahora se hace con ello. 

La revolución sexual, como cualquier revolución, no siempre es tan buena y pura como se pensó, ya que la liberación sexual se ha ido a extremos y suposiciones erróneas de lo que debería ser la sexualidad. La pornografía, que en su tiempo fue una industria de unos cuantos, y donde siempre se tenían ganancias, ahora es hasta un hobby sin fines de lucro, y solo con el fin de compartir los aspectos más íntimos de cualquier persona que ha expuesto un mensaje, una foto o un video de su ser a alguien más, ya sea de manera consciente para una persona, o de manera inconsciente para quién sabe cuántos más.

“Las primeras referencias periodísticas sobre el fenómeno sexting datan del año 2005, de un artículo publicado en el diario Sunday Telegraph; reportándose posteriormente expresiones de sexting en Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, el Reino Unido y también en México” (Mancilla R. 2012).

Pero el primer caso registrado del daño del sexting es el de Jessica Logan, en 2008; ella era una chica estadounidense de dieciocho años de edad que envió una foto de ella desnuda a su novio. Después de terminar la relación, el exnovio decidió compartir la foto a un grupo cercano de amigos, lo que desencadenó una serie de burlas y humillaciones para Jessica, tanto en su escuela como en las redes sociales, lo que terminó en el suicidio de Logan en el mismo año.

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La palabra Sexting es un modismo anglo que se deriva de Sex (sexo), y Texting (escribir mensajes). Esta modalidad de compartir fotos, videos o mensajes se realiza desde niños hasta adultos, no solo entre los pares de etapas de edad, sino que el problema es aún más grave cuando, en esa miscelánea de años, el intercambio es, en muchos de los casos, de niños a adultos, jóvenes a adolescentes, etc.

Cuando un elemento de texto, gráfico o de video sexual es enviado del remitente al destinatario, de alguna manera deja de ser propio del remitente; pareciera que en ese momento se le da el permiso total al destinatario de hacer uso a su propio juicio de lo que ha recibido, lo que en ese caso ya no es un elemento personal de quien lo envió, sino un conjunto de bits que está a solo un segundo de ser de todos y de nadie, por el hecho de que cualquiera puede tener acceso a los datos, ya sea por robo, olvido, teléfono desbloqueado, apertura de cuentas por error, venganza, etc.
Así como el caso de Logan, millones de personas al día de hoy han sido expuestas desde su intimidad a personas que hasta a veces por curiosidad han visto cuando menos una vez este tipo de contenido. Y los riesgos de exponerse se expresan en la vulnerabilidad de la persona en algo que no podrá controlar; es un riesgo que implica trastornos mentales, emocionales y hasta físicos.

Por lo regular, los menores son los más expuestos a estas situaciones, pues no logran dimensionar el problema que generará el compartir o dejarse tomar una imagen suya con y/o para alguien más, que casi siempre es con fines pornográficos. En el caso de los jóvenes, la venganza es quizás el principio de la distribución del contenido para quien nunca se pensó que sería visto. Y en los adultos se utiliza más el chantaje sexual o extorsión; a cambio de recibir algo, se propone la no distribución del material de la persona.

Uno de cada cuatro adolescentes de 12 a 17 años ha recibido sexting a través de su dispositivo móvil, sea celular, tableta o aparato de videojuego; y uno de cada siete lo ha enviado, lo anterior según un estudio publicado este lunes en el diario JAMA Pediatrics (2008).
Conforme va aumentando la edad, la probabilidad de envío y recepción es más alta, y generalmente corresponde a la edad donde hay más búsqueda de la identidad y exploración sexual.

El sexting en menores de entre 10 y 11 años es del 1%, pero va en aumento, pues cada vez más niños tienen un celular propio y acceso ilimitado a redes sociales; a dichos dispositivos tienen acceso en la privacidad del baño, en la soledad de su cuarto y todo esto potencializa el envío y recepción de este tipo de mensajes.

De acuerdo al mismo estudio, indica que las mujeres jóvenes son más propensas a enviar mensajes de texto a los hombres, pero siendo estos quienes inicialmente solicitan el envío de estos tipos de mensajes, fotos o videos; incluso con una primera propuesta de su parte como parte del intercambio de material.

Ahora, la tasa de sexting no consensual es más preocupante, no tanto por la relación de 1 de cada 8, sino por las repercusiones psicológicas que afectan a la víctima. En la mayoría de los casos se realiza con fines de excitación, pero cada vez son más los casos en que el motivo es pornovenganza, sextorsión o ciberbulling.

El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) informó que México es el país latinoamericano donde más se realiza el sexting; es decir, donde se envían más contenidos sexuales, también llamados pack, zelda o nudes.

La Policía Cibernética recibe reportes de esta índole; además, monitorea redes sociales y sitios web en general, pero cada vez son más las páginas web, cuentas de X y otros medios sociales donde aparecen imágenes de personas que no autorizaron su distribución de esa forma, pues ante la ley el sexting bajo consentimiento es legal, pero el problema es cuando el material compartido se sale del consentimiento por el cual se planeó.

De lo que las mayorías de las personas que practican el sexting no están conscientes es que al compartir una imagen o video erótico o sexual están exponiendo su sexualidad, su intimidad; que, si bien puede ser consensuado, una vez que se envía o se comparte con al menos una persona, se pierde por completo el control de dónde quedará esa información. Porque posiblemente la imagen se mantenga por un tiempo resguardada, pero tarde o temprano podría ser expuesta consciente o inconscientemente.

No olvidemos que lo que se comparte o se publica en internet jamás se podrá recuperar. La persona, al compartir, por lo regular lo hace con alguien a quien le tiene confianza, y piensa que jamás estará en una situación donde sus imágenes o videos serán expuestos a alguien ajeno a quien se compartió; pero en esa confianza que se sustenta en cualquier relación, se debe entender que desafortunadamente algunas relaciones se fracturan, y después de ello todo se puede perder, desde el respeto a la persona, a sus cosas, sus imágenes, sus videos, y cuando menos se piense, uno no sabe a dónde llegará todo eso.

Algunos especialistas del tema recomiendan que, si se desea llevar a cabo la práctica del sexting, se debe hacer con mucho cuidado; por ejemplo: con personas de total confianza, que jamás se muestren partes totales del cuerpo o que involucren señas particulares, jamás la cara. Pero no se trata de hacer y no hacer; sería más congruente cuidar en todos los aspectos a la persona que se ama, que por cualquier razón quedarán expuestas sus imágenes o videos, ya que aun cuando alguien decida resguardar los datos en su celular, se puede quedar desbloqueado, robar, perder, etc.

Por otro lado, hay sitios y perfiles falsos que contactan con menores de edad, pidiendo que les manden imágenes o videos sugerentes de contenido erótico y/o sexual, y una vez que ya tienen cuando menos algo de ellos, comienza el chantaje solicitando más material de este tipo, pues si no lo hacen, serán expuestos con sus padres, sus amigos, en la escuela o en cualquier lugar de la red.

En estos casos en específico, se requiere mucho apoyo por parte de los padres hacia los menores que han sido chantajeados, pues de otra manera, no solo será la afectación psicológica que ya causa el acosador o chantajista y la de la sociedad que le rodea, sino que se suma la de la propia familia, y el menor pierde todo punto de apoyo posible.

El menor, el adolescente y el joven por lo regular siempre piensan que a ellos jamás les podrá pasar algún peligro; entre la ingenuidad y la ignorancia se vuelven presa fácil de la tentación de esta práctica. Algunos piensan que si utilizan medios como Snapchat, donde los mensajes no pueden guardarse ni generar captura de pantalla, todo será seguro, pero existen métodos para hacer el almacenamiento o captura de pantallas sin que la otra persona se dé cuenta.

Como padres podemos caer en los extremos, pensar que nuestros hijos ni siquiera saben sobre este tema, nunca lo han hecho, ni lo harán, o que de seguro lo han hecho y lo siguen practicando. Grandes controversias se dan en el terreno sobre el aspecto de que, si se revisan los celulares de los hijos, se está cometiendo un abuso de confianza e invasión a la intimidad. Por supuesto que sí, los menores son muy chicos, sí requieren mayor cuidado del padre, una revisión respetuosa de sus dispositivos, pero sobre todo hacer uso de aplicaciones que puedan ayudar a reducir el peligro de acceso a sitios de adultos, pornografía, el acceso a desconocidos y quizás un monitor de uso.

El primer paso que se debería seguir es el hablar de esto con los hijos, preguntarles qué piensan al respecto, hacerles ver el peligro al que se exponen, platicar de casos reales, pero sobre todo ayudar a que sean seres maduros, que consideren que las decisiones que se toman, buenas o malas, de alguna manera u otra se reflejan en nuestra vida. Se requiere mucha comunicación, tanto para advertir de los peligros como para apoyar a quien ya fue víctima del mismo.
Hacerles conciencia de lo que involucra la sexualidad, el respeto a la misma, desde su propia persona y hacia los demás. Pues no se trata tan solo de no mandar material de este tipo, tampoco de recibirlo, y mucho menos de divulgarlo.

De cualquier manera, pensar que se deben evitar las consecuencias del peligro sigue siendo absurdo; lo que se debe evitar es cualquier opción de peligro y exposición. Lo ideal es hacer conciencia social sobre esta modalidad de la exposición de la persona, donde queda expuesto no solo el cuerpo, sino la totalidad de la persona.

Así como se hacen campañas para indicar el peligro de las drogas, la adicción que provoca, las consecuencias, pero con la finalidad de que jamás se llegue a probar, de igual manera se deberían hacer campañas a través de las redes sociales, en las aplicaciones de uso más popular, y mensajes de advertencia para que cuando detecten algún envío de imagen cuando menos sugerente, tal mensaje confirme sobre los riesgos a los que se enfrenta y que acepta las consecuencias. Por ejemplo: En los videojuegos como PlayStation hay advertencias a los usuarios para indicarles cuando llevan más del tiempo ideal de juego; en sitios pornográficos hay advertencias donde deben indicar que no son menores de edad y aceptan el acceso al contenido de adultos. Facebook, cuando detecta que imágenes cuando menos eróticas se intentan subir, manda mensaje de advertencia, y aun si se subieron, de inmediato el robot hace la censura. ¿Si eso es posible en algunas aplicaciones, acaso no podría hacer lo mismo la cámara del celular?

Pareciera que las pruebas de amor y de confianza han cambiado; antes podría haber sido un beso o la primera relación sexual con la persona, pero ahora, en donde la tecnología está al alcance de la mano, y en el “supuesto de la confianza”, se debe tener mayor cuidado sobre todo lo que involucra el uso de esta.

Los riesgos que se corren no son mínimos ni indiferentes, cuando alguien es víctima de esta situación, pueden ser desde la crisis de ansiedad, la exclusión social, la depresión, bulling, y en otros casos hasta el suicidio.
 
Y aunque existen leyes que tratan de evitar estas situaciones que buscan tipificar el hostigamiento sexual en Internet como un crimen al aprobar modificaciones al Código Penal Federal, con castigos como cárcel y sanciones económicas a quienes perjudiquen a terceros a través de redes sociales, como el caso del Código Penal del Distrito Federal, que indica que se castiga con seis meses a 3 años de prisión la pornovenganza, es una situación que será muy difícil terminar.

Pero mientras la educación sexual se dé a más temprana edad, comenzando desde casa, y abordando temas como este a niños y adolescentes, se crecerá con más conciencia sobre el asunto.