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La vejez


La vejez es la última de las etapas de la vida del ser humano, que, aunque algunos lo ven como la puerta final a lo inevitable, se tendría que ver como la etapa donde se puede descansar de los logros, reflexionar sobre lo que se pudo resolver y un tiempo más donde se puede seguir haciendo aquello que tanto le gusta a cada persona.

Sin embargo, en muchos, de los casos la vejez a veces es más temida no solo por los deterioros físicos y cognitivos que presenta de manera natural el ciclo de la vida, sino que la autoestima (el valor del propio ser que tiene cada persona), de alguna manera u otra, se ve afectada, ya sea porque ahora el que en un momento fue el proveedor, la protectora, el pilar de la familia, ahora depende de los hijos, de alguien más; en algunas ocasiones, el cónyuge ha muerto, no hay muchas actividades que pueda hacer por sí solo.

Desde pequeños se nos manda a la escuela para prepararnos para depender por nosotros mismos en la edad adulta, pero parece ser un choque emocional bastante drástico lo que pasa en la vejez; quizás llega sin apenas darnos cuenta, pero es innegable que causa un cambio radical cuando se percibe. La mayoría lo logra detectar al momento de la jubilación, pues es aquí donde cambian las actividades, el rol social, familiar; ahora hay demasiado tiempo libre para uno, cuando los demás siguen ocupados, y con ello más tiempo solo, que puede deteriorar emocionalmente a cualquiera. Por eso es necesario saber prepararse para dicha etapa, y los que convivimos con personas en este periodo de la vida, apoyarlo con las debidas actividades que puedan hacerlo sentir satisfecho, la atención adecuada personal, familiar, de salud. Reconocerles el valor de su persona y lo mucho que han aportado a cada uno de aquellos que les rodean.

Muchas de las veces se les trata a los ancianos como seres sin alma, que no sienten, como si no escucharan cuando se habla mal de ellos, como si fueran una carga, y que solamente están ahí esperando la muerte y son solo motivo de ingreso de la pensión o festejo en cada cumpleaños.

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Muchas de las veces se les trata a los ancianos como seres sin alma, que no sienten, como si no escucharan cuando se habla mal de ellos, como si fueran una carga, y que solamente están ahí esperando la muerte y son solo motivo de ingreso de la pensión o festejo en cada cumpleaños.

El maltrato o abuso puede ser:

Físico. Cualquier daño accidental, provocado o por omisión que provoque un malestar o deterioro de la persona. La omisión de medicamento, no tener cuidado al pasar cerca de ellos, levantarlos o acostarlos bruscamente y, en el peor de los casos, castigos físicos, como golpes directos.

Psicológico. Si la vejez puede ser una etapa de baja autoestima, en ocasiones a los adultos de la tercera edad se les hace sentir que ellos ya no saben sobre ciertos asuntos, que su opinión de nada vale; por otro lado, se les puede decir que ya no valen, se les puede insultar, insultar o tratarlo como o peor que a un niño.

Abuso sexual. Cualquier contacto sexual no consentido, ni necesario, es un abuso; posiblemente requiera cuidados de higiene, pero todo deberá ser con consentimiento y el respeto de su cuerpo. Y esto por lo menos, sin mencionar aquel abuso sexual deliberado.

Abandono. Al principio de esta etapa posiblemente reciba visitas, llamadas telefónicas, atención a cuidados; pero conforme vaya pasando el tiempo, poco a poco, las atenciones de visita, de pláticas, de suplir sus necesidades, se irán haciendo menos. Aparte de que en ocasiones se les puede dejar solos “mientras” que se hace algo, pidiéndoles que no se muevan de ahí hasta que uno regrese, pero se debe considerar la relación y percepción del tiempo que hay para cada persona; lo que para uno puede ser un momento rápido de 15 minutos, para el anciano puede ser un momento angustioso donde se encuentra solo; quizás pueda pasar algún accidente, alguna necesidad fisiológica. O por otro lado, a veces se quedan solos en casa; puede haber caídas de las cuales no se pueden levantar hasta que alguien llegue, o con puertas con llave, donde se pueden sentir prisioneros y entonces dependen de alguien más; de esta manera se sigue menoscabando su autoestima.

Explotación financiera. Algunas personas de la tercera edad que reciben jubilación no cuentan con ella, porque alguna otra persona es quien la administra, y en esa “administración” se puede hacer uso de cosas diferentes a lo que es el adulto mayor, a lo que requiere, a lo que le gustaría gastar. En ocasiones se hacen traspasos de propiedades de los ancianos a nombres de otros, sin que el adulto mayor lo haya considerado como opción o sin el acuerdo.
Estructural. Se deshumaniza al adulto socialmente, se da más y mejor atención a otras personas que a los adultos mayores.


Por otro lado, desafortunadamente, muchas personas no somos conscientes del maltrato que se da a alguien más; posiblemente nos podremos desesperar de la velocidad de su andar, de las historias que cuentan una y otra vez, de lo que hacemos o dejamos de hacer por las actividades que tenemos por hacer, y es necesario considerar cada punto y analizar: ¿en qué he podido maltratarlo(a)? ¿Qué requiere de mí y cómo puedo ayudar? ¿Cómo puedo hacer para que se sienta una persona digna y plena? ¿Qué hacer para que disfrute cada día y momento? De reconocer lo valioso que es esa persona y lo mucho que hay en su bagaje de vida y que hay por aprender y disfrutar de lo que comparte.

La vejez, como cualquier otra etapa de la vida, debe vivirse con dignidad y plenitud. Y no debe considerarse como una opción, sino con decisión. Cuando se consideran los predictores para llegar a la vejez con las herramientas necesarias para vivirla adecuadamente, se puede disfrutar mejor.

·         Nivel educacional. Nunca es tarde para seguir estudiando, ya sea de manera formal o informal, siempre se puede seguir preparándose, lo que no solo nos dará más conocimiento, sino que además nos permitirá mantener en buenas condiciones nuestras capacidades cognitivas.

·         Nivel de salud. Cuando existe mejor salud, hay más satisfacción en el ser.

·         Sentimiento de autoeficiencia. La convicción personal de que se es capaz de hacer, e intentarlo en la medida de lo posible, da un sentimiento de bienestar con lo que se puede hacer, los logros, los desafíos.

·         Actividad física. Planear las actividades físicas que son posibles hacer y que se puedan disfrutar para mantener un cuerpo saludable ayudará a una mejor calidad de vida.

·         Realizar actividades significativas. Crear nuevos proyectos profesionales, económicos, desafíos, etc., ayuda a que las personas mayores tengan motivos para seguir adelante cada día, relacionarse con otros y sentirse bien.

·         Relaciones afectivas. El ser humano no es nada sin el afecto, tanto el que se da como el que se recibe; sin embargo, esta relación afectiva se va generando desde que uno es joven; la forma en que demos o neguemos afecto a los demás puede ser que se vea reflejada en la vejez. Pero aun si por alguna circunstancia no lo pudimos hacer, nunca es tarde para cambiar, y ser afectuoso con los que nos rodean.

·         Condiciones económicas. Cuando el adulto mayor posee una seguridad económica, esto le da seguridad. Pues de alguna manera u otra sus necesidades primarias están suplidas, y no dependerá de los demás para satisfacerlas.
 
·         Salud. Cuidar la salud, ya sea exenta de enfermedades o con los debidos cuidados y medicamentos, dará bienestar no solo físico, sino también mental y emocional.

·         Dificultad para realizar actividades de la vida diaria. Se debe ser consciente de lo que es posible hacer y de lo que no, tal vez manejar un auto, administrarse, ir de compras, la toma de medicamentos en tiempo y forma.

·         Eventos estresantes. Reducir y controlar los problemas económicos, de patrimonio, de salud o accidentes permite un mejor bienestar en el adulto mayor.

Cada persona es un ser único, sin igual e irrepetible; si bien no todos los predictores, recomendaciones o consejos se pueden realizar en todos, cada uno lo podrá ir adecuando de la mejor manera con el debido conocimiento y preparación.

Sería fantástico que, así como nos preparamos para ser de tal o cual profesión, nos preparáramos para ser personas, conociendo cada etapa que nos toque vivir. Desde conocer lo que podremos enfrentar al perder un ser querido, la jubilación, los cambios que conlleva la vejez, lo que nos mantiene saludables física, mental y emocionalmente.

Desafortunadamente, las pláticas que reciben los mayores de edad tienen que ver más con los cuidados de la salud que con la motivación que pueden obtener de seguir disfrutando de la vida, con lo que aún pueden hacer y de cómo disfrutar dicha etapa.

Por otro lado, no son solo ellos quienes necesitan la orientación y el recordar lo mucho que valen, sino todos aquellos que les rodean, pues en la medida en que se sientan amados, valorados, es que su ser será más feliz.

Nada termina hasta que termina; en esta vida hay mucho por hacer, mucho por aprender, mucho por compartir, mucho por agradecer, mucho por reír y para ser feliz; aprender a apreciar la vejez en otras personas ayudará a apreciar la propia cuando nos toque vivirla en carne propia.